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La suspensión de la subida de tipos y la intervención en el mercado de divisas son medidas erróneas

La semana pasada, el Banco de Japón celebró una reunión del Comité de Política Monetaria y decidió no subir los tipos de interés oficiales.

A principios de año, se consideraba que la subida de tipos en abril era una medida ya decidida;
sin embargo, a raíz de la aversión al riesgo y la subida de los precios del crudo provocadas por el ataque a Irán llevado a cabo a finales de febrero por el primer ministro israelí Netanyahu y el presidente estadounidense Trump,
esta decisión se debe a la voluntad de evaluar la incertidumbre.

Sin embargo, en esta reunión de política monetaria, tres miembros del comité (los Sres. Nakagawa, Takada y Tamura) se opusieron a la decisión de posponer la subida de tipos,
abogando por una subida adicional, lo que el mercado interpretó como una postura «halcón»,
y tras el anuncio de los resultados de la reunión, el yen se apreció.
No obstante, tras la decisión del FOMC estadounidense al día siguiente de posponer la subida de tipos, el yen volvió a ser objeto de ventas y superó la barrera de los 160 yenes por dólar.

El Ministerio de Finanzas de Japón había repetido en varias ocasiones que, si el tipo de cambio se acercaba a los 160 yenes por dólar, se observarían «movimientos especulativos»,
lo que le llevaría a intervenir en el mercado de divisas; sin embargo, el jueves a las 17:00 horas, el ministro de Finanzas, Katayama, declaró ante la prensa
que «se acerca el momento de tomar medidas firmes», lo que sirvió para disuadir al mercado al insinuar la posibilidad de una intervención cambiaria.

A continuación, el viceministro de Finanzas, Mimura, también respondió a las preguntas de la prensa y, al señalar que «están aumentando considerablemente los movimientos especulativos», afirmó que «esta es la última advertencia».

A raíz de estas declaraciones, el tipo de cambio del dólar frente al yen comenzó a caer en picado y, a partir de las 19:30, debido a órdenes de venta unilaterales e intermitentes que parecen indicar una intervención cambiaria,
el tipo de cambio cayó más de 5 yenes, pasando de 160,70 yenes a 155,52 yenes. En términos porcentuales, supuso una caída del 3,2 %.

Aunque tanto el ministro de Finanzas, Katayama, como el subsecretario de Finanzas, Mimura, se han mantenido en silencio ante la fluctuación de 5 yenes registrada en poco más de cinco horas,
el Nikkei informó, citando a fuentes gubernamentales, que «se había llevado a cabo una intervención cambiaria», por lo que se ha convertido en un secreto a voces que, de hecho, se produjo dicha intervención.

En cuanto a esta intervención cambiaria, se estima que el volumen de la misma fue de unos 5 billones de yenes, ya que en las previsiones sobre el saldo de cuentas corrientes publicadas por el Banco de Japón el 1 de mayo, la partida que refleja la intervención cambiaria se desvió en unos 5 billones de yenes respecto a las estimaciones previas del mercado.

Ahora bien, en cuanto a los tipos de interés oficiales del Banco de Japón en los últimos años, aunque se abandonó el tipo de interés cero en 2023, se ha mantenido una postura cautelosa respecto a las subidas de tipos,
y en ocasiones se ha pospuesto la subida de los tipos de interés, como si se hubiera visto influido por la voluntad del Gobierno.

Sin embargo, a raíz de los bajos tipos de interés de este periodo, se ha producido una venta masiva del yen japonés y un aumento de los precios de las importaciones; al mismo tiempo, se han producido subidas de precios encubiertas, en las que se ha reducido el
se han producido al mismo tiempo subidas de precios encubiertas mediante la reducción del contenido.
Como consecuencia de ello, los precios de los alimentos prácticamente se han duplicado en los últimos cinco años, lo que contrasta con la percepción del Banco de Japón de que «la inflación subyacente no ha alcanzado el objetivo del 2 %»,
y está generando un creciente descontento social.

En estas circunstancias, me parece muy dudoso que, como contrapartida a la decisión de no subir los tipos de interés —lo que tiene como efecto dejar sin control la depreciación del yen—, se destinen posteriormente 5 billones de yenes a la intervención cambiaria,
dado que no parece una política adecuada.

La cifra de 5 billones de yenes es la que se estima que se gastó en la intervención del 30 de abril; además, en la tarde del día siguiente, 1 de mayo, se produjo una caída brusca de 1,80 yenes, pasando de 157,30 yenes a 155,47 yenes,
y hoy, a las 12:45, se ha producido otra caída brusca de 1,62 yenes, pasando de 157,20 yenes a 155,68 yenes.

Tanto la caída del 1 de mayo como la de hoy han sido movimientos de gran magnitud en un lapso de tiempo extremadamente breve, de poco más de 10 minutos, y normalmente no se producen movimientos de este tipo si no se trata de una intervención.

Aunque habrá que esperar a que el Banco de Japón publique el 29 de mayo los datos sobre las operaciones de estabilización del mercado de divisas, si se hubieran destinado entre 5 y 6 billones de yenes a la intervención cambiaria,
esta cifra equivaldría aproximadamente al 1 % del PIB de Japón, que asciende a 600 billones de yenes; por lo tanto, considero que cabe cuestionar si el uso que hace el Gobierno japonés de los fondos, al gastar una suma tan ingente en tan solo unas horas, es realmente adecuado.

En concreto, teniendo en cuenta la situación actual de Irán, incluso si se aplicara una subida de tipos del 0,25 %, resulta difícil creer que el aumento del tipo de interés oficial provocara una caída del PIB de hasta un 1 %;
más bien, dado que tendría un efecto de estímulo económico al frenar el encarecimiento de los precios de las importaciones, considero que el paquete de medidas compuesto por la decisión política de posponer la subida de tipos y la intervención cambiaria como tratamiento sintomático
no puede calificarse sino de una medida imprudente.

Lamentablemente, en Japón solo se informan de cuestiones miopes, como si el Banco de Japón subirá los tipos de interés o si el Ministerio de Hacienda intervendrá en el mercado de divisas,
y la realidad es que ni los diputados, ni los periodistas, ni los académicos señalan la idoneidad de este paquete de medidas; y es precisamente por eso por lo que el yen japonés sigue siendo objeto de ventas.